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Mauricio Zamora Liebers, el flamante ministro de Obras Públicas, pone en práctica la sentencia aristotélica que ha marcado su trayectoria profesional y de vida: la discreción es la mayordoma de las virtudes.

Casado desde hace 21 años, el hombre de 50 años ha sido una pareja y un padre ejemplar. Su familia es y ha sido la inspiración para todos sus proyectos y anhelos.

Reservado y conciliador, atento a la interlocución, el encargado del proceso de transición privilegió la transparencia y la eficacia para llevar a buen puerto esta misión.

Basquetbolista destacado —en 1994 fue designado como el mejor jugador del país— y empresario exitoso — como propietario de los restaurantes Tinto y La Morada—, Zamora entiende que el ejercicio de la política exige una indeclinable vocación de servicio y trabajo constante y disciplinado.

Su tiempo predilecto es el presente, pues en él se perfilan las oportunidades y promesas de futuro.

El presidente Rodrigo Paz tendrá en él a un hombre confiable, honesto, pragmático y eficaz para cumplir las enmiendas que el país requiere.

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