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El presidente de Estados Unidos Donald Trump declaró la guerra a Irán “sin explicar su estrategia al pueblo estadunidense ni al mundo. Ahora parece que, en realidad, no tenía ninguna estrategia definida”, escribió el consejo editorial del diario New York Times este martes.

Casi tres semanas después del inicio de la guerra, Trump no tiene un plan aparente para lograr la caída del régimen iraní, algo que, según él, busca. Si su objetivo es más modesto, como la incautación de los materiales nucleares de Irán, no ha ofrecido ideas creíbles para conseguirlo. Y no ha previsto una consecuencia inevitable de una guerra en Oriente Medio: la interrupción del suministro de petróleo, que provoca un aumento drástico de los precios y perjudica la economía mundial.

Trump ni siquiera ha empezado a explicar cómo piensa lograr ninguno de estos objetivos. Sus defensores afirman que su evasiva es una táctica para preservar sus opciones y mantener a su adversario en la incertidumbre. Cada vez más, parece evidente que el presidente de Estados Unidos ha iniciado una guerra sin tener ni idea de cómo terminarla, indicó el texto.

La guerra se ha convertido en un ejemplo del enfoque caótico y egocéntrico de Trump hacia la presidencia, a un círculo de asesores más reducido que el de presidentes anteriores al ordenar acciones militares e ignoró el proceso riguroso destinado a señalar objeciones y posibles problemas, realizó declaraciones públicas ridículas y contradictorias, incluyendo la afirmación de que la guerra casi ha alcanzado sus objetivos, intentó engañar al mundo sobre las trágicas muertes de decenas de escolares iraníes, causadas por un misil estadunidense mal dirigido. Casi a diario, demuestra por qué no se le puede confiar los asuntos más trascendentales del gobierno.

A pesar de todo, la guerra ha tenido algunos éxitos tácticos, y creemos que es importante reconocerlos, aunque no estén vinculados a una estrategia concreta. El instinto del repúblicano sobre Irán fue acertado en varios aspectos. Su gobierno es claramente peligroso, pues ha pasado décadas oprimiendo a su propio pueblo, patrocinando el terrorismo, intentando destruir Israel, convirtiendo al Líbano en un Estado fallido, protegiendo a un régimen atroz en Siria y desarrollando un programa nuclear. También reconoció que el régimen iraní era más débil de lo que aparentaba y que podría debilitarse aún más mediante la confrontación, escribió el diario.

En los últimos años, la combinación de sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus aliados, junto con ataques militares, principalmente israelíes, ha debilitado la capacidad de Irán para generar problemas regionales. El valor de su moneda se ha desplomado. Muchos de sus líderes y científicos nucleares han fallecido. Sus defensas aéreas están prácticamente destruidas y su arsenal de misiles se ha agotado. Dos de sus grupos terroristas aliados, Hamas y Hezbollah, se encuentran debilitados. Su Estado satélite en Siria ha sido derrocado por rebeldes locales, añadió el medio.

Pero al lanzar esta guerra hace dos semanas y media, el presidente afirmó tener objetivos más ambiciosos que simplemente contener a Irán. “Al gran y orgulloso pueblo de Irán, les digo esta noche que la hora de su libertad está cerca”, declaró poco después de los primeros ataques. Exigió la rendición incondicional del gobierno iraní y afirmó que debe aprobar al próximo líder del país, también prometió devolverle la grandeza a Irán.

El consejo editorial es un grupo de periodistas de opinión cuyas perspectivas se basan en la experiencia, la investigación, el debate y ciertos valores arraigados y es independiente de la redacción.

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