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Cuando Claudia Sheinbaum juró como presidenta de México aquel 1 de octubre de 2024, lo hizo bajo el aplauso del 60 por ciento de los mexicanos y la mirada esquiva de los ciudadanos que votaron por la oposición. En el Zócalo, las banderas ondeaban con fervor popular, mientras desde Estados Unidos analizaban con lupa sus primeras acciones.
Lejos del bullicio, en los pasillos alfombrados del Capitolio estadunidense, otro tipo de ceremonia comenzaba: la instalación silenciosa de un sistema de vigilancia institucional.
Sheinbaum frente a Trump. Entre diálogo y soberanía, así ha sido la relación México-EU en primer año de gobierno
A los pocos meses, su popularidad sorprendió a los observadores gringos: más del 70 por ciento avalan su gestión. Y las cifras se han mantenido. A un año de su llegada a Palacio Nacional, su aprobación creció por encima del 10 por ciento.
Su doble rasero de firmeza y diplomacia frente a las embestidas de Donald Trump provocaron simpatías. Incluso desde el Congreso de los Estados Unidos ven con malos ojos que un arancel desmedido o una intervención extraterritorial en materia de combate al crimen organizado puedan acabar con la serenidad de la primera presidenta de México.
Pero en Washington, la simpatía no exime del escrutinio. Desde la semana uno, el Servicio de Investigación del Congreso (CRS) comenzó a desplegar su arsenal de reportes, memorandos y diagnósticos. Con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial, MilenIA revisó seis documentos extensos elaborados durante el primer año de gobierno de Sheinbaum. Allá la ven como popular, poderosa y reformista, pero también alertan sobre tentaciones autoritarias.
En los legajos académicos, la Presidenta de México aparece bajo una etiqueta que se repite como un mantra burocrático: “continuidad con cambio”. Una fórmula que no es halago ni advertencia, sino una forma de decir que el nuevo rostro en Palacio Nacional no es ruptura, sino transición. Información de Milenio
