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Huixquilucan, Estado de México.— Macarena Montoya Olvera está cambiando de escenario, pero no de posición. La exsecretaria de Salud del Estado de México ha dejado de ser solamente un nombre mencionado como posible aspirante a la presidencia municipal de Huixquilucan para convertirse en uno de los perfiles que toman fuerza rumbo a la diputación local por el Distrito 17.

La señal llega desde dos frentes que en política suelen ser determinantes: las encuestas y el territorio.

De acuerdo con el recuento referido, 18 ejercicios demoscópicos han mantenido a Montoya en posiciones competitivas, mientras que el más reciente, atribuido a Dato.mx, la coloca al frente con 27.03 por ciento de las preferencias, contra 12.16 por ciento de su más cercano competidor. La diferencia es de 14.87 puntos porcentuales, prácticamente el doble de respaldo.

El dato adquiere mayor relevancia porque no aparece aislado. En mayo, otro ejercicio de DatoMx ya la ubicaba entre los perfiles mejor posicionados de Morena en Huixquilucan. Posteriormente, una medición con corte al 15 de junio y participación de 9 mil 870 personas le atribuyó 32.1 por ciento de preferencia dentro de Morena, siete puntos por encima de Pablo Peralta.

Una encuesta puede ser una fotografía. Cuando distintos ejercicios mantienen a un perfil en los primeros lugares, la fotografía comienza a parecerse a una tendencia.

Y esa tendencia ya está colocando a Montoya bajo los reflectores.

Del servicio público al territorio

Desde que dejó la Secretaría de Salud estatal, en abril de 2026, Montoya incrementó su presencia política y social en Huixquilucan, municipio con el que mantiene raíces. Su trayectoria en la administración estatal le dio reconocimiento público, pero el nuevo escenario le exige algo diferente: convertir ese reconocimiento en cercanía, organización y respaldo territorial.

En ese punto aparece el segundo dato relevante.

Este fin de semana, más de mil personas participaron en una Asamblea en Defensa de la Soberanía de México encabezada por Montoya, con la presencia de liderazgos sociales y representantes estatales y nacionales del movimiento de Morena.

La convocatoria formó parte de la movilización nacional para refrendar la defensa de la soberanía, los valores nacionales y el rechazo a cualquier forma de injerencia extranjera. Montoya puso el acento en la unidad y en la defensa de la capacidad de México para tomar sus propias decisiones, en coincidencia con la agenda nacional de Morena y con la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a cualquier intento de intervención en asuntos internos del país.

Pero más allá del mensaje nacional, la dimensión local de la asamblea resulta políticamente significativa.

Reunir a más de mil personas en Huixquilucan no es solamente una fotografía de un evento: es una muestra de capacidad de convocatoria. Y en una contienda que comienza a perfilarse rumbo a 2027, la movilización territorial puede tener tanto peso como el reconocimiento en las encuestas.

En política, la convocatoria también comunica.

Y lo hace con mayor fuerza en un municipio donde durante años el PAN ha mantenido una presencia importante y donde Morena enfrenta el desafío de consolidar una estructura competitiva.

Un distrito que rebasa Huixquilucan

El reto, sin embargo, es mayor que el municipio.

De acuerdo con el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), el Distrito 17 tiene cabecera en Huixquilucan e incluye también Naucalpan.

Eso significa que cualquier proyecto legislativo competitivo deberá trascender el reconocimiento local y construir presencia en dos municipios con realidades sociales y políticas distintas.

Ahí estará una de las principales pruebas para Montoya.

Los buenos números pueden abrir una puerta, pero no sustituyen la organización. La convocatoria puede mostrar músculo, pero debe convertirse en presencia permanente. Y el reconocimiento derivado del servicio público tendrá que traducirse en una propuesta capaz de conectar con ciudadanos que no necesariamente comparten las mismas prioridades.

Por ahora, sin embargo, los indicadores son favorables.

Montoya cuenta con una trayectoria en el servicio público, conocimiento de la administración estatal, raíces en Huixquilucan, actividad territorial creciente y el perfil académico más alto de todos los aspirantes una sucesión de mediciones que la mantienen entre los perfiles más competitivos de Morena.

Encuestas y territorio están enviando el mismo mensaje.

La definición formal de candidaturas todavía deberá esperar los tiempos y procedimientos correspondientes. No existe aún una candidatura que pueda darse por sentada, y tampoco una encuesta garantiza por sí misma un resultado electoral. Pero sería igualmente equivocado ignorar lo que empieza a dibujarse.

Macarena Montoya pasó de ser considerada para una eventual disputa por la alcaldía a posicionarse como un perfil cada vez más visible para la diputación local. El cambio de escenario no ha disminuido su presencia; por el contrario, parece haber ampliado su margen de acción política.

El Distrito 17 será una competencia exigente. La amplitud territorial, el peso histórico de las estructuras partidistas y la necesidad de construir una organización capaz de operar más allá de Huixquilucan pondrán a prueba cualquier aspiración.

Pero el tablero ya se está moviendo.

Con 18 mediciones que la mantienen competitiva, 27.03 por ciento en el ejercicio más reciente y una convocatoria superior a mil personas, Macarena Montoya está construyendo algo más que notoriedad: está acumulando señales de competitividad política.

El verdadero desafío será sostenerlas y convertirlas en una estructura territorial sólida, cercana y capaz de disputar el Distrito 17.

Porque rumbo a 2027 las encuestas pueden señalar el camino, pero será el territorio el que termine diciendo quién tiene realmente la fuerza para recorrerlo.

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